arrow_back Publicaciones
Reflexión Enero 2026 10 min lectura

¿Cómo se innova desde el Estado? Cuatro principios para una lógica propia

Adoptar IA, abrir datos y modernizar procesos no requiere importar modelos del sector privado. El Estado tiene su propia forma de innovar — y funciona.

01

Misiones,
no productos

02

Capacidades,
no soluciones

03

Valor público,
no métricas de mercado

04

Ritmo del Estado,
no contra él

Trabajo con datos de contratación pública en Chile. Con APIs de Mercado Público, con bases de proveedores, con registros de licitaciones. Y algo que no es obvio desde afuera se hace evidente cuando estás dentro: el Estado innova. Lo hace distinto, más lento a veces, con restricciones que no existen en el sector privado — pero lo hace. Y cuando lo hace bien, los resultados son más duraderos que cualquier MVP.

La pregunta no es si el Estado puede innovar. La pregunta es cómo hacerlo sin perder lo que lo hace Estado: la orientación al interés colectivo, la rendición de cuentas, la equidad en el acceso. Porque existe una tentación recurrente — adoptar el lenguaje startup, hablar de sprints y pivoteos, medir "usuarios activos" de una API que en realidad cumple una función de transparencia pública — que confunde velocidad con capacidad institucional.

Mazzucato y Kattel lo plantearon con claridad en abril de 2025: los gobiernos carecen de los mecanismos de retroalimentación del mercado para medir impacto de la misma forma que una startup. Una empresa sabe si algo funciona porque la gente paga o no paga. El Estado opera con otra brújula. Y eso no es una debilidad — es una característica de diseño.

Entonces, ¿cuál es esa lógica propia? Propongo cuatro principios, construidos desde la literatura y desde la experiencia concreta de trabajar con datos públicos en Chile.

1. Innovar orientado a misiones, no a productos

Mazzucato lleva una década documentando algo que merece más atención: el Estado es el mayor tomador de riesgo en la historia de la innovación. El GPS, internet, la pantalla táctil del iPhone — todo financiado con dinero público. Pero el Estado no operó como startup para lograrlo. Invirtió en horizontes largos, absorbió incertidumbre radical, y sus fracasos fueron parte del proceso, no un motivo de pivoteo.

La innovación pública funciona cuando se organiza alrededor de misiones: objetivos de largo plazo que movilizan múltiples actores e instituciones. "Democratizar el acceso a datos de compras públicas" es una misión. "Lanzar un chatbot en tres meses" es un entregable que puede o no contribuir a ella.

La diferencia importa porque define qué se mide. En la lógica de misión, el éxito no es cuántos usuarios tiene tu API — es si los datos que expone permiten mejor fiscalización ciudadana, mejores decisiones de compra, mayor competencia entre proveedores. Son métricas más difíciles de construir, pero son las que importan.

En la práctica

Cuando un organismo público construye herramientas para que sus propios analistas consulten datos transaccionales sin depender de un equipo técnico saturado, el objetivo no es tener un producto bonito. Es distribuir capacidad analítica dentro de la institución. La misión es autonomía informacional. La herramienta es el medio.

2. Construir capacidades institucionales, no solo soluciones puntuales

Kattel y Mazzucato, en su trabajo de 2018 sobre capacidades dinámicas en el sector público, identificaron lo que distingue a los Estados que innovan bien: no imitan estructuras privadas, sino que desarrollan capacidades internas propias. La habilidad de integrar aprendizajes, reconfigurar competencias, sostener cambios en el tiempo.

Esto tiene una implicación directa para la adopción de IA en gobierno: no basta con contratar un modelo o implementar una herramienta. Hay que construir la capacidad de entender qué hace esa herramienta, evaluar si funciona bien, adaptar su uso cuando cambian las condiciones, y gobernar sus efectos. Sin esas capas, la herramienta se convierte en una caja negra que alguien vendió y nadie sabe operar.

En la práctica

La diferencia entre un organismo que "usa IA" y uno que tiene capacidad en IA es la diferencia entre comprar una licencia de software y tener un equipo que entiende cómo funcionan los embeddings, por qué un RAG alucina con ciertos documentos normativos, o cuándo un agente necesita supervisión humana. Lo segundo es más lento de construir, pero es lo que permite iterar sin dependencia externa.

Esto no significa que el Estado deba desarrollar todo internamente. Significa que debe tener la capacidad de ser un comprador inteligente de tecnología — saber qué preguntar, qué exigir, qué evaluar. Y esa capacidad se construye invirtiendo en personas, no solo en contratos.

3. Medir por valor público, no por métricas de mercado

Mark Moore, desde Harvard, lleva décadas trabajando un concepto que debería ser central en cualquier discusión sobre innovación pública: el valor público. A diferencia del valor privado — medible en ingresos, crecimiento, retención — el valor público incluye equidad, legitimidad democrática, confianza institucional y misión colectiva. Son dimensiones que el modelo startup no tiene cómo capturar, y por eso tampoco las optimiza.

Barry Bozeman complementa esta idea con el concepto de publicness: el grado en que una organización está sujeta a influencia política y a obligaciones de interés general. Las restricciones que eso impone — transparencia, acceso universal, rendición de cuentas — no son ineficiencias a eliminar. Son parte de lo que hace al Estado, Estado.

En la práctica

Las APIs de Mercado Público son una infraestructura valiosa. Pero su éxito no se mide con las métricas de un producto SaaS. Se mide preguntando: ¿los datos son accesibles para cualquier ciudadano? ¿Permiten fiscalización efectiva? ¿Reducen asimetrías de información entre el Estado y los proveedores? ¿Contribuyen a que las compras públicas sean más competitivas y transparentes? Esas preguntas requieren indicadores distintos — y una conversación institucional distinta — a la de "cuántos requests por minuto".

4. Innovar con el ritmo del Estado, no contra él

El ciclo político de cuatro años genera presión para mostrar resultados rápidos. Eso es comprensible y, hasta cierto punto, legítimo — los gobiernos deben rendir cuentas sobre lo que hacen con el tiempo que se les concede. Pero la innovación institucional profunda rara vez cabe en un período de gobierno.

La solución no es ignorar los tiempos políticos ni resignarse a que nada cambie. Es diseñar la innovación en capas: resultados visibles en el corto plazo que demuestren valor, sobre una infraestructura que se construye para el largo plazo.

En la práctica

Una herramienta de consulta de datos en lenguaje natural puede mostrar resultados en semanas — un analista hace una pregunta, obtiene una respuesta, eso tiene valor inmediato. Pero la arquitectura detrás — los estándares de datos, la gobernanza de los modelos, la documentación, el protocolo de validación — es lo que permite que eso sobreviva al cambio de gobierno. Innovar en capas es la forma de ser ágil sin ser frágil.

Lo que esto implica para quienes toman decisiones

Si eres directivo público y estás evaluando cómo incorporar IA a tu organismo, estos cuatro principios se traducen en preguntas concretas:

flag

Misión

¿Qué problema público estamos intentando resolver? ¿La herramienta sirve a esa misión o es una solución buscando problema?

school

Capacidad

¿Tenemos la capacidad interna para entender, evaluar y gobernar esta tecnología? ¿O estamos creando una dependencia que no podremos sostener?

public

Valor público

¿Cómo vamos a medir si esto funciona? ¿Con métricas que reflejan el interés colectivo o con métricas importadas del sector privado?

update

Sostenibilidad

¿Esto sobrevive al próximo cambio de administración? ¿Estamos construyendo infraestructura o decorando una vitrina?

No hay nada malo en aprender del sector privado. Hay herramientas, metodologías y prácticas que son útiles en cualquier contexto. Pero la innovación pública tiene su propia lógica, sus propias métricas de éxito y sus propias restricciones legítimas. Reconocer eso no es conformismo — es la condición para innovar de verdad.

Hay formas de trabajar con datos públicos, de mejorar procesos de compra, de abrir APIs, de construir capacidad analítica en el Estado — que parten desde lo que el Estado es, no desde lo que alguien quisiera que fuera. Esas formas existen. Y son más sostenibles que cualquier sprint.

Referencias

Bozeman, B. (2007). Public Values and Public Interest: Counterbalancing Economic Individualism. Georgetown University Press.
Kattel, R. & Mazzucato, M. (2018). Mission-oriented innovation policy and dynamic capabilities in the public sector. Industrial and Corporate Change, 27(5), 787-801.
Mazzucato, M. (2013). The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths. Anthem Press.
Mazzucato, M. & Kattel, R. (2025). The startup state is a bad idea. Project Syndicate, abril 2025.
Moore, M. H. (2013). Recognizing Public Value. Harvard University Press.
Innovación Pública GovTech Valor Público IA en Gobierno Mazzucato Compras Públicas